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El primer átomo

Nada. El incomprensible vacío imperceptible por la ausencia de luz. Nada. Sin aliento, sin conceptos, sin historia y sin partículas. No hay interacción ni pensamiento: sólo nada…
¡Espera! una intervención de “algo” destruye la nada. Un punto de energía concentrada, liberada de un verbo superior a las palabras, y transformado en el concepto puntual proveniente del infinito, ese infinito presente sólo en una dimensión superior.
Positivo y negativo son igualdades opuestas confinadas a la unidad sustancial. Separados para su identificación, la energía hablada genera una explosión de partículas diseñando la fundación tripartita de la existencia: el quark.
Tres tercios de quark hacen el uno que dirige la nota fundamental de la pieza orquestral del ser. La energía expulsada con la primera de las primeras interacciones se estabiliza en luz permitiendo la percepción del concepto de “infinito”, toma una constante y su esencia la llamamos “dualidad”; es el lienzo que permite la palabra “creado”, la primera estabilidad que permite la palabra “materia” y para ser primera es fundamental nominarla: Hidrógeno es su nombre.

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