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La entrega

El desacelerador, (o el temporizador como algunos le llamaban), provocaba un cosquilleo extraño. El viaje de ida era más tardado que el de regreso por alguna extraña razón. Por fin el mensaje estaba entregado y Mike podía volver tranquilamente a la delicia atemporal de viajar a velocidad cero (otro nombre para la velocidad de la luz). ¡El mundo desacelerado era tan limitado!: Sólo se podía percibir hacia un lugar a la vez, todo se medía en segundos y nada de lo sucedido en ese concepto de “pasado” podía cambiar. Además, esa capacidad de los humanos de sentir, hacía la interacción bastante complicada: uno tenía que estarles repitiendo “No temas”, “No vas a morir”, entre otras frases de consuelo pues si no, sus temores les hacían paralizarse.
La ventaja de esta última entrega es que el formato había sido el sueño. Cuando Mike por fin regresó al mundo cero, se preguntaba porqué el cosquilleo aún continuaba, no estaba seguro si era el efecto del desacelerador invertido o simplemente seguía preocupado por la insistencia de Elyon en transformarse. “Vivir toda una vida en el mundo cero es ridículo, sobre todo teniendo las ventajas de autoridad y renombre de las que Él disfruta, pero ¿Por qué?” Mike comenzó a avanzar tarareando algún canto alegre mientras caminaba hacia la tropa, intentando quizá esconder sus preocupaciones, que muy pronto habrían de convertirse en realidad en el mundo cero…

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