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Un súbito cambio de planes (Crónica de un impacto inesperado)

Realmente poco creí que mis clases de física preuniversitaria vendrían a mi memoría de manera tan súbita y peculiar el primer sábado del mes de Diciembre. Es curioso cómo somos capaces de olvidar el trozo de una canción que hemos escuchado cientos de veces, pero hay imágenes y sonidos que nunca se nos olvidan aunque duraron tan sólo fracciones de segundos.
Y es que cuando experimentas la rutinaria tarea de manejar por lugares tan conocidos como el camino a tu propia casa, pensando en lo que te espera momentos después: una comida, una boda, una merecida siesta o símplemente lo que sea; lo que menos esperas es que tu cuerpo repentinamente sienta una necesidad inconsciente de gritar y estirar lo más posible el pie que pisa el freno.
Aún no sé si es por haber visto muchas películas (o porque Matrix me dejó marcado), pero este tipo de cosas siempre suceden como en cámara lenta. O por lo menos así se recuerdan: el momento en que el carril por el que transitaba a unos 90 km/hr de repente quedó obstruido por una inmensa mancha verde, que en cuanto más me acercaba a ella, más se parecía a una inoportuna camioneta “Explorer” que se atravesaba por mi camino…
Visto desde atrás del vochito, podías ver cómo la camioneta Explorer (desde esta perspectiva en vista lateral izquierda) entraba de izquierda a derecha y tomaba vuelo para voltearse al ser impactada mientras la cola del vochito se levantaba léntamente por haber sido interrumpido su camino. Visto desde el lado derecho, podrías ver la camioneta Explorer venir hacia ti, el vochito visto lateralmente golpeándole en el costado; y el conductor del vochito lo verás, si te acercas un poco más, ser desplazado por la inercia hacia el frente violentamente. Al ser impedido súbitamente por el cinturón de seguridad, el cuello se dobla hacia el frente generando el esguince cervical, el cinturón rozando lentamente la piel de la cintura hasta generar la herida abrasiva, el otro lado de la cadera siendo golpeada con la palanca para abrir el vidrio lateral izquierdo y el cristal izquierdo siendo convertido en trozitos que caen sobre la escena. Esto sin mencionar el sonido aturdidor del fierro del frente siendo doblado y el cristal del parabrisas estrellándose.
Desde la perspectiva del conductor, la mancha verde es lo único que recuerdas, ya que la misma inercia provocó que el cerebro, (si lo pudieras ver en un corte transversal al momento del impacto) siguiera su camino, mientras que el cráneo era detenido después de un tirón del cuello provocado por la combinación del impacto y el celestial cinturón de seguridad. El golpe interno del cerebro con el cráneo no es nada comparado contra lo que hubiese sucedido si el cinturón de seguridad estuviese ausente o dañado, ya que la inminente salida del cuerpo del conductor del vehículo, el golpe de su cráneo con el parabrisas (a más de 50,000 Newtons) que se hubiese destruido y la danza de acompañamiento que hubiésen bailado el cuerpo volando en el aire con la camioneta habrían sido, más más que menos, mortales.
Yo pensaba que cuando perdías el conocimiento no podías soñar, pero sí soñé. Soñé con fondo negro varios pedazos de mi vida, con los personajes que han sido relevantes para mi. Lo curioso es que no sólo soñé pedazos de lo que ya ha sucedido, sino también pedazos cuyo protagonista era yo con más años. Incluso creo que hasta la imagen de algún supuesto hijo se coló por ahí. No pretendo sugerir que estos sueños sean vistas precisas del futuro, pero de alguna manera es como mi mente, al verse en tremendo peligro, decidió crearse esa historia para mi. Hubo dos “pedazos de vida” que particularmente me llamaron más la atención: En uno, iba yo caminando por un escenario sin paisaje, todo se veía gris claro, no había ni suelo ni cielo ni techo ni nada, sólo me veía a mi, sintiendo un piso imaginario, protegido por un techo imaginario y caminando hacia el frente como siguiendo una línea recta con sumo cuidado. Yo llevaba un traje blanco y una especie de ramita de trigo blanca en mi mano sosteniéndola fírmemente hacia el frente. A mi alrededor, yo veía que personas se congratulaban conmigo por alguna celebración que de alguna manera se asemejaba a una boda. Estaban todos muy contentos por mi y vestidos de diversos trajes de fiesta. Y aunque sentía que alguien me acompañaba, nunca pude saber quién era. No se apuren, no vi ninguna luz ni nada por el estilo. Lo curioso es que el otro “pedazo de vida” que soñé que particularmente llamó mi atención, fue uno exactamente igual al que les acabo de describir, con la excepción de que yo iba vestido con un traje negro, el trigo era negro y la gente celebraba mas bien algo semejante a un funeral. Sólo que el muerto era yo y… y estaba vivo…
Cuando desperté, realmente no sabía en cuál de todos los pedazos de mi vida me encontraba. No pude abrir la puerta, estaba descuadrada, así que tuve que golpearla fuertemente. Cuando bajé había ya mucha gente. Recuerdo haber preguntado si había yo tenido la culpa y también pregunté dónde me encontraba. “Colón y Patria”, me decían y poco a poco iba recordando todo como datos sacados de un disco duro viejito. Recuerdo haber visto al oficial de tránsito, a un paramédico de la Cruz Verde (con quien finalmente me fui), los bomberos, un montón de mirones que estorbaban la calle más que los fierros de mi coche e incluso una molesta cámara de Televisa que me filmaba y me hacía preguntas que no recuerdo cómo contesté. Cuando hablé con mi mamá (asistido por el amigo que venía en la Explorer, que estaba bien gracias a Dios) me sorprendió saber que ya venía en camino y que ya les había hablado para avisarles. A pesar del tráfico, mi novia llegó, con su familia, recuerdo haberme sentido muy bien de ver un rostro familiar. Unos minutos después llegó mi mamá y se subió conmigo a la ambulancia de la Cruz Verde, dejando el accidente atrás. Ella venía animada por las muestras de preocupación y afecto de los vecinos que se habían acercado… “¿Ya te dije que choqué?” le decía a mi mamá, seguido de escucharla decir que sí, sonriendo tiernamente por mi repetido comentario…
Hoy, despierto en casa de mis papás, sin mayor preocupación, ya sin esguince y casi sin moretes ni raspones. No recuerdo todo lo que pasó, pero al menos recuerdo lo que te platiqué. Pero lo más importante es que recuerdo los rostros de tanta gente preocupada, orando, preguntando, preocupándose, apoyando. Mencionarlas a todas sería imprudente pues seguro se me iba a escapar alguna de la mente. Quienes merecen mención especial son mis papás, quienes todo este mes me han apoyado de una manera impresionante y me han mostrado su cariño de tantas maneras que no sabía que se podía mostrar cariño y mi novia. Dicen que hasta que te mueres puedes saber realmente quién te aprecia. Yo no estoy de acuerdo. Hay momentos contados en tu vida, en el que Dios te da un regalito, y te permite pasar por un momento difícil, no para que pienses que no te cuida o te ama, sino para que te des cuenta de las muchas formas en que ese amor te puede sorprender. Este momento fue para mi uno de ellos.
¡Muchas gracias!
Antes y Después
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